Órbita

La órbita es la cavidad ósea que alberga el globo ocular y otras estructuras anexas como los párpados, la glándula lagrimal y la vía lagrimal. Tiene forma de pirámide con base anterior y está ocupada por el globo y, posteriormente, grasa, músculos y un sistema vascular y nervioso.

En la órbita concurren una serie de estructuras de gran importancia en las que pueden aparecer una gran variedad de patologías: malformaciones congénitas, fracturas, inflamaciones, infecciones o lesiones tumorales y quísticas. Parte de estos problemas pueden ser tratados de forma médica, como las inflamaciones o las infecciones. El resto de la patología orbitaria generalmente requiere de cirugía.

El correcto diagnóstico y tratamiento de la patología orbitaria exige disponer de un amplio conocimiento de la anatomía, las pruebas de imagen y las técnicas microquirúrgicas más novedosas. En Clínica Piñero ponemos a su disposición la Unidad de Órbita, con un equipo multidisciplinar que evaluará cada caso exhaustivamente y planificará su tratamiento de la forma más eficaz y segura.

En nuestro centro empleamos técnicas microquirúrgicas con abordajes de pequeña incisión que nos permiten realizar cirugía sin dejar cicatrices visibles, con un alto grado de seguridad y con una rápida recuperación y reincorporación a su vida social y laboral.

ORBOTOPATÍA TIROIDEA

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También conocida como Orbitopatía de Graves, es la afectación ocular y periocular producida en los pacientes con patología de la glándula tiroides. Esta enfermedad autoinmune aparece en el 15% de los pacientes que padecen una patología de la glándula tiroides, generalmente hipertiroidismo. 8 de cada 10 pacientes son mujeres. Ambas alteraciones suelen aparecer al mismo tiempo, aunque eventualmente puede debutar primero la enfermedad ocular y posteriormente la tiroidea.

Se desconoce el origen de la enfermedad. La teoría más aceptada actualmente atribuye la enfermedad a los anticuerpos autorreactivos que reaccionan contra receptores presentes en la glándula tiroides y en los músculos y grasa de la órbita, provocando un proceso inflamatorio. Esta fase de actividad puede durar de 6 meses a 2 años y una vez controlada no es frecuente que recidive. Una vez se inicia el proceso ocular, transcurre de forma independiente a la tiroides

La orbitopatía tiroidea es una enfermedad frustrante para el paciente, ya que en muchos casos habrá consultado varios especialistas sin hallar solución y supone un desgaste psicológico importante. Nuestro especialista le ayudará a comprender su enfermedad, le indicará en cada momento los pasos a seguir y coordinará el tratamiento de forma global con su endocrinólogo.

¿Cómo se manifiesta la enfermedad?

La fase activa puede presentarse como edema palpebral, enrojecimiento ocular, fotofobia y lagrimeo, sensación de presión detrás del globo, visión doble, retracción palpebral, aparición de bolsas palpebrales, protrusión de los globos e incluso pérdida de visión. El grado de afectación es muy variable. El aspecto del paciente con OT es muy característico, presentando mirada fija o asustada y “ojos saltones”. Todos estos síntomas se suelen acentuar por las mañanas y van mejorando en el transcurso del día.

Una vez desaparecida la inflamación, algunos pacientes recuperan su aspecto inicial, aunque en un gran porcentaje persisten cambios en el rostro de forma permanente.

Prevención

El tabaco y el estrés son factores contrastados que influyen de forma negativa en la OT. Los pacientes fumadores tienen más probabilidades de desarrollar una enfermedad más grave y tener una peor respuesta al tratamiento.

Por tanto es imprescindible dejar de fumar para el correcto control de la enfermedad. Es fundamental para el tratamiento de la enfermedad orbitaria evitar alteraciones hormonales que puedan causar episodios de hiper/hipotiroidismo. La orbitopatía debe tratarse lo más pronto posible ya que el tratamiento precoz reduce notablemente la fase de secuelas

¿Cual es su tratamiento?

El primer paso del tratamiento es estabilizar la función tiroidea, para lo que es imprescindible una estrecha colaboración entre el endocrinólogo y el especialista en órbita.

El tratamiento de la fase activa está dirigido a controlar la inflamación y reducir la actividad inmunológica. El tratamiento más efectivo y con menores efectos secundarios es la administración de pulsos de cortisona endovenosa. Cuando este tratamiento no es efectivo, está indicado el uso de otros inmunodepresores o terapias biológicas.

Controlada la fase inflamatoria, se planifica la rehabilitación de los cambios originados por la enfermedad mediante cirugía: exoftalmos (descompresión orbitaria), visión doble (cirugía del estrabismo) y retracción y bolsas palpebrales (blefaroplastia).

Este proceso es largo y requiere de varios procedimientos quirúrgicos en la mayoría de los casos.

La descompresión orbitaria consiste en aumentar el tamaño de la órbita, ampliando las paredes óseas o eliminando grasa, para permitir que el ojo se desplace hacia atrás. Se realiza a través de pequeñas incisiones en el surco del párpado superior o por vía conjuntival (detrás del párpado) sin cicatrices visibles o casi imperceptibles.

Si es necesario, posteriormente se realizará la cirugía del estrabismo y la retracción palpebral. Por último se puede valorar la necesidad de reducir las bolsas palpebrales y el exceso cutáneo mediante una blefaroplastia rehabilitadora.

TUMORES Y FRACTURAS ORBITARIAS

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Tumores orbitarios

A pesar de que los tumores orbitarios no son frecuentes, requieren un manejo inmediato por un oftalmólogo especialista. Existe una amplia variedad de lesiones tumorales y quísticas que pueden aparecer en la órbita. La mayor parte de los tumores orbitarios son benignos (angiomas, schwannomas o meningiomas) aunque también pueden presentarse tumores malignos primarios de la órbita (linfomas, sarcomas) o metástasis de tumores con otro origen (mama en mujeres y próstata en hombres). La confirmación del diagnóstico se realiza mediante anatomía patológica.

El tratamiento de estas lesiones puede ser únicamente quirúrgico, o requerir de una biopsia orbitaria y posterior tratamiento médico con radioterapia o quimioterapia.

En nuestro centro contamos son un equipo multidisciplinar para el estudio y tratamiento mediante microcirugía de estas lesiones.

Fracturas orbitarias

Tras un golpe en la órbita, pueden producirse una fractura de sus paredes, generalmente la interna y la inferior o suelo, ambas formadas por una fina y delicada lámina ósea. Una vez confirmada la fractura mediante un TC orbitario, se determinará la necesidad de realizar un tratamiento quirúrgico. La cirugía reparadora está indicada ante dos situaciones: alteración de los movimientos oculares por atrapamiento muscular, o cuando existe un hundimiento del globo ocular (enoftalmos) que produce una asimetría evidente.

Estas cirugías deben realizarse por un oftalmólogo especialista en microcirugía orbitaria con el fin de garantizar un excelente resultado estético y funcional, sin poner en riesgo la función visual. periódica por su oftalmólogo oculoplástico para evitar posibles problemas con la prótesis y garantizar una correcta adaptación.

RECONSTRUCCIÓN DE CAVIDAD ANOFTÁLMICA:

EVISCERACIÓN Y ENUCLEACIÓN

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La pérdida del globo ocular supone una pérdida irreversible de la visión, sin embargo existen varias posibilidades terapéuticas para rehabilitar la cavidad anoftálmica y recuperar un aspecto cosmético muy bueno y natural.

La evisceración supone el vaciamiento del globo ocular. Empleamos esta técnica cuando la patología ocular y las estructuras oculares lo permiten, ya que es la que mejores resultados funcionales y estéticos aporta. En la enucleación se retira el globo completamente y se reserva para casos de tumores intraoculares malignos o patologías que suponen una pérdida casi completa del globo. Tras estos procedimientos y en la misma cirugía, se coloca un implante orbitario definitivo, no visible, que se integra perfectamente en los tejidos. Este implante aporta volumen a la cavidad y permite la movilidad de la prótesis ocular, imprescindibles para un resultado estético satisfactorio.

Posteriormente el paciente es enviado a un ocularista para la adaptación de una prótesis ocular externa. La cavidad debe ser revisada de forma periódica por su oftalmólogo oculoplástico para evitar posibles problemas con la prótesis y garantizar una correcta adaptación